
El pueblo turco procede originalmente de las estepas centroasiáticas y más concretamente de las montañas Altai, entre el este de Kazajistán y el oeste-centro de Mongolia.
Los primeros datos referentes a los turcos los encontramos en las fuentes chinas del siglo II a.C. En ellas se cita a unos bárbaros del norte que se encontrarían en la actual Mongolia. Se supone que dichos bárbaros serían un conglomerado de grupos altaicos, entre ellos los turcos.
Según los textos los xiongnu, como los denomina, eran un pueblo nómada compuesto por pastores y guerreros. Tras la caida de la dinastía Qin llevaron a cabo incursiones en China y entre los años 209-174 a.C. unificaron por primera vez la región mongola.


Debido al carácter nómada y gracias a la utilización del caballo (de vital importancia para los grupos altaicos), se produjeron diversas migraciones hacia occidente en distintas épocas.
La mayor difusión de pueblos túrcicos por Asia se produjo en los siglos V y VI d.C. llegando a ocupar por completo un área comprendida entre el mar Caspio y el desierto del Gobi. Dicho territorio se denomina Turquestán y englobaría los actuales paises de Kirguizstán, Tayikistán, Uzbekistán, sur de Kazajistán, norte de Irán, norte de Afganistán y la provincia china de Xinjiang.

Desde finales del siglo IV d.C., y principalmente en el s.V, un pueblo de etnia turca, los hunos, emigraron hacia el oeste, alcanzando e invandiendo a los romanos. Procedían de las orillas del mar Caspio y emigraron tras varias sequías. Durante dicha emigración los hunos fueron mezclándose con gentes autóctonas y sus fuertes rasgos asiáticos se suavizaron. Incluso una rama de estos, los heftalitas, eran llamados “hunos blancos”.
A finales del siglo VIII d.C. otro pueblo túrcico, los búlgaros, compuestos por hunos y altaicos emigraron también hacia Europa y se instalaron en Tracia. Allí se mezclaron con población local: eslavos y tracios.


Actualmente podemos encontrar poblaciones, lenguas y culturas de origen turco desde el extremo norte de Siberia hasta Irán y desde Mongolia hasta Turquía y el Cáucaso. El área de influencia cultural se extiende aún más, llegando a Europa, norte de África y gran parte de Asia.
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